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Relatos de gente viajera. Bienvenido a Nepal, por Úrsula Torelló y Roberto Lépori.

Volvemos a Nepal con este post de Úrsula y Roberto, autores del blog El viaje de Uschi y Robert , uno de mis diarios “de cabecera”. En este relato nos presentan una visión inédita sobre Nepal. Si os gusta no dejéis de visitar el blog de Roberto sobre conciencia social y consumo responsable Mundo Qualium. os dejo con ellos:


Con las palmas juntas a altura de la barbilla y el torso reclinado, te saludarán con un cálido `Namaste`, que significa ‘me inclino ante tu alma’. Bienvenido a Nepal.

Lo que mueve a la mayoría de las personas a viajar a este país no es ni más ni menos, que ver las cimas del mundo y poder caminar entre sus lomas. Este es el principal atractivo de Nepal, pero no el único, pues puede convertirse en una agradable caja de sorpresas llena de tesoros que dejaran sin aliento al viajero. Desde cualquier ascensión a los picos más altos del mundo hasta un paseo urbano por las calles de Katmandú. Desde la adrenalina de la gran variedad de deportes de aventura a la tranquilidad de un curso de yoga a los pies del Himalaya. Desde una ruta por su agitada historia en el valle de Katmandú hasta un recorrido por el interior de uno mismo retirado en un monasterio.  Desde las barracas más humildes a los templos de arquitectura Newar, digna de las civilizaciones antiguas más desarrolladas. Todo ello rodeado de una cultura y sociedad que pondrá a prueba tus principios y robará tu corazón.

Katmandú es la puerta principal de entrada al país. La ciudad está situada en un lugar privilegiado, en un valle rodeado de increíbles montañas, que a su vez la convierte en una ciudad con un alto índice de contaminación. Está dominada por el caos, absolutamente palpable desde que uno baja del avión. Personas, basura, perros, vacas, bicis, coches, autobuses y camiones pueblan sus calles según la ley del más fuerte. A su vez, cerca de 1 millón de hindúes, budistas y musulmanes conviven en armonía según la ley del mutuo respeto. El desarrollo turístico en la ciudad es enorme y el viajero encontrará una infinidad de agencias capaces de organizar el trekking más complicado en tan solo unas horas, o cualquier deporte de aventura relacionado con agua, nieve y montañas.

El abanico de rutas por las montañas es muy amplio aunque para los no iniciados, lo más fácil es elegir las  más comerciales como los campos base del Anapurna y el Everest, que a pesar de ser los más concurridos también ofrecen las mayores comodidades. Para los más  intrépidos y con dinero en el bolsillo se pueden hacer los recorridos más exclusivos como el Valle de Mustang o apuntarse a una expedición para ascender sietemiles e incluso ochomiles. Independientemente de la ruta escogida, está asegurada una enorme satisfacción para los sentidos. Y es que, tanta naturaleza, tantos picos, tan juntos y de tanta altura impresionan a cualquiera. Para llegar al campo base del Anapurna, por ejemplo, se inicia el recorrido  caminando entre coches, camiones y tiendas para dejarlos de lado rumbo al silencio y la paz de las montañas. Se puede hacer un recorrido de 8 días o realizar la vuelta completa en 3 semanas donde uno se reencuentra con la naturaleza y el silencio.

Por la mayoría de pueblos por donde se pasa, solamente llegan los burros como único medio de transporte,  que te adelantan a paso rápido seguidos de un pastor  y cargados de toda clase de mercancías para los locales y excursionistas. Estos animales son los verdaderos camiones de estos caminos de montaña. Los diferentes recorridos se pueden hacer a un ritmo muy personal, en función de la energía y el tiempo disponible pero sí es aconsejable ir preparado porque encontraremos etapas duras, no tanto por la distancia recorrida si no que por los desniveles acumulados, que pueden llegar a ser de unos 1.300 metros diarios. En las etapas de baja altitud la fauna y la flora del recorrido son impresionantes y se atravesarán bosques primarios de árboles  espectaculares, como uno de inmensos de rododendros en flor. Se cruzarán mil riachuelos y cascadas,  haciendo algún descanso en  termas naturales y se visitarán pueblos y gentes muy remotos donde los curiosos niños estarán esperando al excursionista para poder jugar.

Disfrutar de mil flores y orquídeas diferentes, ver monos, fotografiar mariposas inmensas y de increíbles colores a tan solo un palmo y sobretodo, disfrutar con las inmensas montañas que, a medida que avanzamos las podremos disfrutar desde más cerca. Al ganar altitud, piedras, musgos, minerales como cuarzo o termalitas y algunas flores adornan el camino. La nieve y el hielo cubren los bordes, la ropa de abrigo se hace imprescindible y los pasos más lentos y seguros debido a la altitud. Aquí los desniveles son menores y los impresionantes picos están cada vez más cerca. El silencio se apodera a momentos de uno mismo, momentos en que únicamente se oye la propia respiración. Los amaneceres son increíbles bajo la inmensidad de estos gigantes blancos, a veces rodeados por la niebla y la bruma con un toque misterioso y, otras, imponentes por los fuertes colores del crepúsculo en la nieve y el hielo de la cumbre. Sin duda, merece la pena el recorrido y el esfuerzo para estar tocando la cima de ésta, nuestra Tierra.

Los viajeros más interesados en la cultura, historia, costumbres y arquitectura encontraran sus mayores atractivos concentrados en el valle de Katmandú. Las tres ciudades principales son ésta última, Patán y Baktapur. En sus centros históricos uno viajará al pasado por sus calles adoquinadas. A lo largo de los siglos, la vida de la comunidad de los newar se ha desarrollado en torno a un patio o plaza. En el centro del mismo, hay un pozo de agua y un templo diminuto. Las casitas están hechas de ladrillos, encajados sin cemento, con ventanas de madera talladas manualmente y puertas espectaculares que dan a entrada a la casa. Pero lo más auténtico, todavía hoy, es el ambiente que se respira por sus calles donde las costumbres y un día a día envuelto por rituales ancestrales marcan el ir y venir de sus gentes.

Diferentes métodos de lavado e higiene en hombres y mujeres, ancianas machacando el trigo, alfareros trabajando la arcilla, madres hilando, campesinos trabajando el campo, mujeres llenando sus cuencos en los depósitos de agua y cargándolos hasta su casa, niños y jóvenes lavándose con un cubo en medio de la calle, abuelos apostando y jugando a las cartas, y un sinfín de escenas que hacen de cada lugar, un sitio único. En los templos uno vivirá y conocerá la religión que durante cientos de años ha marcado la vida de sus gentes. Los brahmanes, casta de sacerdotes, darán siempre la bienvenida a los visitantes. Templos sagrados y figuras de deidades tántricas representan el hinduismo nepalí donde aún hoy en día se practican sacrificios de animales para lograr el favor de los dioses y el fin de los sufrimientos. Más de tres millones de Dioses representan todos los aspectos y caras del hinduismo. Desde las figuras más dulces y cercanas que se encuentran en cada rinconcito de una casa, bar o transporte, a las más temidas y respetadas, visibles solamente en los templos.

La inestabilidad política, inaceptable corrupción y los sucesos de las últimas décadas son los responsables de que un país con tantas posibilidades y riquezas naturales se mantenga en la lista de los más pobres del mundo. Hombres, mujeres y niños trabajan de sol a sol para lograr dos escasos platos de arroz al día. Son muchos los viajeros, que han hecho un alto en el camino para ayudar a los más necesitados. Son tantas las carencias en este país que cualquiera puede elegir dónde y cómo ayudar. En orfanatos, con los niños de la calle de Katmandú, en proyectos de desarrollo, en educación, en zonas rurales donde los recursos y oportunidades son muy limitados y un largo etcétera. Hacer un voluntariado es, sin duda, una experiencia enriquecedora y difícil de olvidar tanto para los que dan como para los que reciben.

Para finalizar el viaje y ordenar tantas ideas e impactos que ha recibido el cuerpo y la mente, el viajero tendrá la opción de hacer un retiro espiritual en un monasterio budista. En Nepal hay 7 campos de refugiados tibetanos, que viven en el exilio tras la invasión China hace más de 60 años. Al no poder practicar su religión en el Tíbet, se vieron obligados a construir monasterios en Nepal e India, y muchos de ellos imparten hoy cursos de meditación y filosofía budista para extranjeros, como el pionero Monasterio de Kopan. Este es uno de tantos monasterios tibetanos en los que uno puede ir en busca de paz, silencio e introspección. El Monasterio se encuentra en lo alto de una colina con Katmandú a sus pies, está rodeado de jardines y flores. Por sus caminos pasean monjes de todas las edades; los jóvenes entre risas, charlas y juegos; los mayores recitando mantras o en el silencio de su meditación. Por las mañanas los cantos budistas y los pajaritos despertaran al monasterio para la primera meditación o curso de filosofía budista. Estos pueden ser de 3 días hasta más de un mes. La experiencia que viva cada uno entre sus paredes quedara para siempre grabada en sus mentes y corazones. Finalizar una etapa de experiencias intensas tanto físicas como personales con una mirada al interior es la guindilla de un viaje inolvidable en el país de las infinitas posibilidades.