El mundo FRIKTRIP

No es lo que parece

No se trata para nada de comparar pero cuando a uno le hablan de Sydney siempre piensa rápido en la Ópera House. En las ganas de viajar y llegar hasta esa ciudad de las antípodas que tiene poco más de 200 años de historia. La urbe con más población de Australia, es un lugar lleno de oportunidades y donde todas las personas deberían viajar una vez en la vida.

Pero viajar es bien diferente a vivir. Viajar es conocer algo nuevo cada día, recibir miles de impactos que saturan nuestras cabezas con forma de diversas emociones y reacciones. Vivir es acostumbrarse a un sistema y adaptar unas nuevas rutinas para ese estilo de vida. Viajar es descubrir, vivir es conocer.

La realidad es que Sydney vista desde los ojos de un viajante, es una ciudad maravillosa cargada de altísimos rascacielos, coches jamás vistos y espacios diseñados para gustar y gozar como Harbour Bridge o Hyde Park. Pero el día a día es bien diferente. Para mi sorpresa es una ciudad de contrastes más atrasada de lo que cualquier persona puede imaginarse. Lo de ciudad moderna, en muchos sentidos, no es más que una etiqueta.

Si abandonamos la zona empresarial, es decir, el centro de la ciudad, las casas se caen a pedacitos. Están mal cuidadas y tienen la extraña capacidad de almacenar todo tipo de trastos en su portal o jardín. Son pequeños monstruos de papel. Las construcciones o viviendas dejan mucho que desear y en ningún momento pueden luchar con esos gigantescos y modernos edificios que dan nombre a esta famosa ciudad.

El  transporte público es otra de las asignaturas pendientes para los ‘aussies’. A pesar de ser una colonia inglesa parece que aquí han olvidado la puntualidad y la hora del té. No hay un solo autobús que pasé a su hora, que respete los horarios marcados en el “timetable” de la parada. Las esperas son eternas y muchas veces los buses ni paran en la estación por excedente de personas. Es un pez que se muerde la cola. Si pasaran con asiduidad, respetando los horarios, las estaciones no estarían tan llenas de gente y así no haría falta saltarse paradas.

El tren funciona algo mejor pero está limitado por el tiempo. A media noche uno debe olvidarse de este transporte que siempre está orientado para abandonar la ciudad. Además, el sistema de ticket es un tanto peculiar y está poco homogenizado. Bus, tren y ferry cuentan con propios boletos bien distintos de los unos a los otros. Es una traba para la movilidad.

Pero sin duda, el mayor fiasco es internet. No existen las tarifas planas. Uno paga por una cierta cantidad de megas. Si consumes estos megas se corta la conexión y has de esperar hasta el mes que viene para recuperarla. Además, proporcionalmente es carísimo con lo que la conexión que tiene cualquier típica casa no permite más que navegar y chequear el correo. Olvídate de descargarte programas o películas así como de ver videos en ‘youtube’ u otras plataformas similares.

Si estás pensando en moverte una temporada larga a Australia estos aspectos yo los tendría en cuenta. Un fuerte abrazo

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